4 de febrero de 2020

Utrecht

La Janskerk (iglesia de San Juan) y la Janskerhof, en Utrecht.
(Foto © Earth System Governance)


MI CORAZÓN RESIDE EN JANSKERHOF 21

Hubo un tiempo
en el que los conejos se paraban a mirarnos
en el que los patos cruzaban la carretera para ir al lago
en el que las ovejas se sentaban en su hierba.

Hubo un tiempo en mi vida
en el que los días rodaban en bicicleta.
Aunque lloviera, aunque nevara
el cielo blanco, sin sol, cegaba los ojos.

La lluvia buscaba lloviendo el verbo escampar
nunca lo encontró,
el agua era un continuo río vertical
que ya no impedía vivir.

Hubo un tiempo en el que me sobraba tiempo
los mapas de la ciudad de Utrecht se mojaban
enormes sobre la bicicleta, hasta que un día
nos dimos cuenta de que era una ciudad de papel.

Allí llovía, probablemente, la misma lluvia siempre.
Los días de nieve frente a nuestra casa
abrigábamos a la estatua de Anna Frank,
tan de bronce.

Hubo un tiempo
en el que viví todos los días en presente
junto a la iglesia de Jans que nos vio crecer libres
en el corazón mismo de los narcisos amarillos.

Vera Moreno
Escritora polifacética, docente, rapsoda y activista cultural española, 
nacida en Madrid en 1972.

Chicago

Monumento a William Shakespeare en el Lincoln Park de Chicago.
(Foto © ChiTown2 / SkyscraperCity)


ESTATUAS DE BRONCE

I
La estatua de bronce del General Grant montado en su
         caballo de bronce, en Lincoln Park,
se apergamina al sol cuando pasan los automóviles
         ronroneando en largas procesiones, camino de
         alguna parte, para llegar a la cita prevista para la
         cena, o al cine, o a comprar y vender
aunque con el atardecer y de noche, cuando saltan las
         altas olas
en las lajas del paseo, a la orilla del lago, ahí cerca,
he visto al general retar a los basureros a que se acerquen
y pongan a galopar a su caballo de bronce, espoleado por
          los cascos y las armas de la tormenta.

II
Atravieso Lincoln Park en una noche de invierno
           mientras nieva.
En su estatua de bronce, Lincoln descuella entre la
           blancura de la nieve, su frente de bronce altiva
           ante los ecos de los vendedores de periódicos, que
           vocean que cuarenta mil hombres han muerto en
           el Yser, sus oídos de bronce atentos al amortiguado
           rugir de la noche que llega a sus pies de bronce.
Un indio ágil en un caballo pequeño, de bronce,
           Shakespeare sentado en bronce con sus largas
           piernas, Garibaldi con su capote de bronce,
           montan guardia en la fría y solitaria nieve que esta
           noche cubre sus pedestales, y así aguantarán hasta
           pasada la medianoche, hasta que raye el alba.

Carl Sandburg
Poeta, biógrafo y periodista estadounidense, nacido en Galesburg (Illinois) el 6 de enero 
de 1878. Murió en Flat Rock (Carolina del Norte) el 22 de julio de 1967.

Versión de Miguel Martínez-Lage

(Fuente: C. Sandburg, Poemas de Chicago. Editorial Visor, Madrid, 2019.)

3 de febrero de 2020

Machu Picchu



PADRE MACHU PICCHU

Machu Picchu, dos veces
me senté en tu ladera
para mirar mi vida.
Para mirar mi vida
y no por contemplarte,
porque necesitamos
menos belleza, Padre,
y más sabiduría.

Juan Gonzalo Rose
Poeta, dramaturgo y periodista peruano nacido en Tacna el 10 de enero de 1928. 
Murió en Lima el 12 de abril de 1983.

(Foto © Dave Minkel)

La Habana



POSTAL

                                                                                         A Vivian, en su ciudad.

Un negro viejo lustra sus botas en el sillón del Hotel Plaza
y sabe que la ciudad yace
en esas botas.
Los turistas activan sus cámaras fotográficas
para recoger la imagen del caminante
urbano de La Habana
quien sonríe con un aire desdentado
que huele a la chaveta
con la que trabajó la hoja de tabaco
durante toda su vida.

Ahora
la silla del limpiabotas
es su más celoso placer
la confianza de los paseantes
amigos de "allá afuera"
donde otros ciudadanos
en ciudades que él no ha visto
exhiben de mil maneras
sus orígenes.

Hoy por hoy
el negro Felipe
lustra sus botas en el sillón del Plaza
y se contenta.

Minerva Salado
Poeta, ensayista y periodista cubana nacida en Regla (La Habana) en 1944.

(Foto © Telemundo 47)

Toyama

En la cordillera de Tateyama, al este de Toyama, se encuentra el monte Hino.
(Foto © Piqsels)


CHOMEI EN TOYAMA               
(Fragmento)

El rocío de mis sesenta años se evapora,
he construido mi última casa, o casucha,
campamento de cazador, la vieja
crisálida del gusano de seda:
diez pies por diez pies, siete de alto: y yo
tomándolo por habitación de paso, no por domicilio,
me salté las ceremonias fundacionales.

He sellado los marcos con greda,
puesto bisagras en las esquinas;
fácil de desarmar y partir a otra parte
cuando me aburra de este lugar.
Dos carretillas de basura
y el costo de un hombre para cargarlo,
ningún problema.

Desde que piso la montaña Hino
el mediodía cae a través del toldo
sobre mi balcón de bambú, el atardecer
brilló sobre Amida.
He puesto mis libros sobre la ventana,
el laúd y la mandolina a mano,
apilado helechos y paja para acostarme,
un buen escritorio donde da la luz, cocina a leña.
Junté y acomodé piedras
para una cisterna, instalé
cañerías de bambú. Sin leñera,
hay madera suficiente en el bosque.

Toyama, ¡cómodo entre las enredaderas!
Toyama, profundo en la densa quebrada, abierta
al oeste donde los muertos salen del Edén
agachados sobre las nubes azules de las glicinas.

Basil Bunting
Poeta inglés nacido en Scotswood-on-Tyne (Northumberland) el 1 de marzo de 1900. 
Murió en Hexham el 16 de abril de 1985.

Versión de Kurt Folch

(Fuente: B. Bunting, Chomei en Toyama. Lecturas Ediciones, Santiago de Chile, 2017.)

El poeta japonés Kamo-no-Chomei (1154-1216), bajo la influencia del budismo, abandonó Kioto 
para llevar una vida de eremita cerca del monte Hino, en Toyama, donde compuso su Hojoki (‘Un relato desde mi choza’), considerado un clásico de la literatura budista.

2 de febrero de 2020

Estambul

La iglesia bizantina de Santa Irene, en el recinto de Topkapı (Estambul).
(Foto © Mekan360)


CITA CON IRENE

En esta calle de Estambul                     
(Ebussut Cadessi 32 Sikerci)                   
desandando los siglos                         
recorriendo una a una                         
quince civilizaciones.                         
No me reconozco en la Hitita                   
tampoco en la Sumeria                         
ni en la Siria                                 
y si salto a la Romana                         
después de detenerme en la Euliana             
me voy sintiendo una de ellas.                 
En Bizancio                                   
cumplo mi cita con Irene                       
coronándose en Santa Sofía                     
después de asesinar a su hijo a sangre fría   
y de cortar la lengua a sus cuñados.           
Su desmesurada ambición                       
su amor al trono                               
le dan un bello filo a su mirada.             
Ella,                                        
Santa Irene                                   
y todas las Irenes del mundo                   
de sus tumbas se levantan hoy                 
a ocupar un espacio en mi poema. 

Consuelo Hernández
Poeta y crítica literaria colombiana nacida en 1952.

Atenas



ODA A LOS PERROS DE ATENAS

Montes en luz, Atenas, hija de la belleza primera
la descubrí en mis recuerdos aunque nunca había estado allí
desde lejos, con amour de loin, había saboreado su nombre
hija de la primera belleza que tiene el grado de justicia.

Descubrí los caballos de piedra en los templos deteriorados
descubrí una taberna de oro dentro de una calle de plata
descubrí los perros de mármol que se han bajado de los frisos
y se reúnen por la noche en cónclave
y muestran su estirpe socrática filosofando en las esquinas.

Los he visto citarse en semáforos
quedar en las encrucijadas
parecen gente civilizada que acude al ágora y se atiene
a lo que dictan los tribunales
aunque vayan a cuatro patas.

Una vieja leyenda sostiene que son ellos los dioses antiguos
que se negaron a partir de Grecia
cuando fueron vencidos antaño
que el luminoso Zeus Olímpico y la justa Atenea alada
prefirieron ser perros atenienses
antes que dioses bárbaros
bebedores de sangre.

Esta vieja leyenda se cuenta mezclada con ouzo y con luna
así que cuando me alejaba por Kiri Dimitrios y vi
entre las callejuelas de Plaka en aquella noche estrellada
acercarse aquel perro blanco esbelto como una gacela
y majestuoso como la Acrópolis
me atreví a tocar su cabeza y a susurrarle por si acaso:
—Salve, Señor del Canto, tú que llegas semejante a la noche.
Solo una cosa te pido:
Que sea alado mi poema
y no volátil.


Blanca Andreu
Poeta y prosista española nacida en A Coruña en 1959.

(Fuente: B. Andreu, Los archivos griegos. Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2010.)
(Foto © Olivier Ghettem)

1 de febrero de 2020

Sarajevo



66 VERSOS EN LA CIUDAD SITIADA
(Fragmento)

He oído que en los parques de Sarajevo
ya no hay árboles,
porque los habitantes los han cortado para calentar sus casas,
y pienso, sobresaltado de repente
que no tengo en mi casa un lugar apropiado para hacer fuego.
Mi calle además está llena de edificios oficiales,
y dado que las oficinas gubernamentales suelen ser importantes
en tiempo de guerra,
pienso sobresaltado de repente,
que quizá mi calle se haya convertido en zona de conflicto
y puede que esté ya destruida
mi casa en Sarajevo.

¿Cómo se las arregla el que yo soy en Sarajevo?
¿Va aún a trabajar, por ejemplo? ¿O acaso
hace tiempo ya que todas esas vulgares costumbres desaparecieron?
Y pienso, sobresaltado de repente,
que seguramente las escuelas estarán cerradas,
y la mía, además, está al otro lado del ferrocarril, cerca de la estación,
y que los ferrocarriles y estaciones son, al parecer, cosas que se deben controlar
en tiempo de guerra.

Aguardar largo tiempo cartas que no llegan
y no poder escribir otras nuevas.

Rikardo Arregi Díaz de Heredia
Poeta y traductor en lengua vasca, nacido en Vitoria-Gasteiz el 4 de octubre de 1958.
Versión del autor a partir del original en vasco

(Fuente: J. Kortazar, ed., Montañas en la niebla. Poesía vasca de los años 90. DVD Ediciones, 
Barcelona, 2006.)
(Foto © Passeport-Europe)

Venecia


Detalle del Retrato del dux Francesco Venier, por Tiziano Vecellio (1554).
(Colección Thyssen-Bornemisza)

VENECIA

Venecia es un cuento. Los viejos edificios
Lucen nacarinos en los reflejos de la bruma.
En todo se sospecha una infinita tristeza,
La marchitez de los tonos otoñales de Tiziano.

Maksimilián Voloshin
Poeta simbolista, traductor, crítico y pintor acuarelista ucranio de lengua rusa, nacido 
en Kiev el 28 de mayo de 1877. Murió en Koktebel (Crimea) el 11 de agosto de 1932. 
Fue uno de los representantes más destacados de la Edad de Plata de la literatura rusa.

Versión de Jorge Bustamante García

(Fuente: El instante maravilloso. Poesía rusa del siglo XX. Universidad Nacional Autónoma 
de México, 2004.)

Isla Negra

La casa de Pablo Neruda, en Isla Negra.
(Foto © Fundación Pablo Neruda)


MAGIAS DE ISLA NEGRA

Era antes del nombre y de los aparecidos. En el principio. Era el campo y el cielo y la marea 
y las distancias. Era el viento y los Álvarez y los Díaz y los Pérez y los Espinozas.

Entonces, antes del nombre, Isla Negra, mascarona, maternal del mar.

Érase una vez, andariegos, abuelas, amigos, abuelas; bailarinas, las horas, sombras, las advertencias.

Era magia de muchos colores, de tiempos y lugares y piedras y animales. Anillos de magias. Entierros y suertes, relumbres y quejidos, males y tesoros.

Tiempo de magia en trigo virginal, gaviotas confidentes, pródigas las ágatas, tomates rotundos como lo más álgido del galope, pudor con las niñas de turquesa litoral.

Isla Negra en un limbo de carretas al alba, cantando arenas y guitarras, lomas y amores y quebradas.

Cuentan que la luna se bañaba desnuda en Cantalao. Córdova era testigo de cuchillos y yerbas, 
y liebres y gemidos. Érase la Cueva del Pirata recogiendo ecos de naufragios y talismanes en senderos arriesgados.

Fue el tiempo, la Cruz del Sur y el rumor del planeta, lentas las cenizas, balbuceantes los peces, asombrado el picaflor en los aloes, y llegaron los Llancas y Sobrinos y el poeta, los con señales 
de fuego y de la tierra, los de agua y el aire y las raíces.

Y la magia se hizo más magia, con amarillo y azul y mucho naranja, en los bordados con que florecían los Crepuscularios.

Sigue la magia asomando en huevos de oro, magia mala en miradas y alfileres, magia sana con 
la cruz y otro color de la mirada.

Magias de Isla Negra, presencias infaltables, cuando hay que dar la mano en la desgracia y la alegría, bálsamo cálido en la muerte, júbilo lozano en la fiesta del amor.

Magia de la Isla, mascarona del mar, confiese usted, Don Pablo, el ovillo de magias de la Isla. Confiese, Don Pablo, que aún vive en Isla Negra y llega al árbol del poeta, allí donde el árbol 
y el poeta besan y se van.

Luis Weinstein
Poeta, fabulista, ensayista, educador comunitario y psiquiatra chileno, 
nacido en Santiago en 1931.