27 de noviembre de 2020

La Chapelle d'Angillon

El castillo de La Chapelle d'Angillon.
(Foto © Pascal Auvre)

LOS DOMINIOS PERDIDOS

                                                                               A Alain-Fournier

Estrellas rojas y blancas nacían de tus manos.
Era en 189... en La Chapelle d'Angillon,
eran las estrellas eternas
del cielo de la adolescencia.

En la noche apagaste las lámparas
para que halláramos los caminos perdidos
que nos llevan hacia un laúd roto y trajes de otra época,
hacia una caballeriza ruinosa y un granero de fiesta
en donde se reúnen muchachas y ancianas que lo perdonan todo.

Pues lo que importa no es la luz que encendemos día a día,
sino la que alguna vez apagamos
para guardar la memoria secreta de la luz.
Lo que importa no es la casa de todos los días
sino aquella oculta en un recodo de los sueños.
Lo que importa no es el carruaje
sino sus huellas descubiertas por azar en el barro.
Lo que importa no es la lluvia
sino sus recuerdos tras los ventanales del pleno verano.

Te encontramos en la última calle de una aldea sureña.
Eras un vagabundo de barba crecida con una niña en brazos,
era tu sombra –la sombra del desaparecido en 1914–
que se detenía a mirar a los niños jugar a los bandidos,
o perseguir gansos bajo una desganada llovizna,
o ayudar a sus madres a desvainar arvejas
mientras las nubes pasaban como una desconocida,
la única que de verdad nos hubiese amado.

Anochece.
Y al tañido de una campana llamando a la fiesta
se rompe la dura corteza de las apariencias.
Aparecen la casa vigilada por glicinas, una muchacha
leyendo en la glorieta bajo el piar de gorriones,
el ruido de las ruedas de un barco lejano.

La realidad secreta brillaba como un fruto maduro.
Empezaron a encender las luces de Lautaro.
Los niños entraron a sus casas.
Oímos el silbido del titiritero que te llamaba.
Tú desapareciste diciéndonos: “No hay casa, ni padres,
ni amor; sólo hay compañeros de juego”.
Y apagaste todas las luces
para que viéramos brillar
para siempre las estrellas de la adolescencia
que nacieron de tus manos en un atardecer
                                de mil ochocientos noventa y tantos.

Jorge Teillier
Poeta chileno nacido en Lautaro (Araucanía) el 24 de junio de 1935. Murió en Viña del Mar
el 22 de abril de 1996.

(Fuente: J. Teillier, Poemas del país de nunca jamás. Colección “El viento en la llama”, Santiago de Chile, 1963.)

Alain-Fournier (Henri-Alban Fournier), autor de la célebre novela Le Grand Meaulnes (a cuyo argumento alude el poema entre versos), nació en esta localidad del departamento del Cher, en el centro de Francia, el 3 de octubre de 1886 y murió en combate a los 27 años en Saint-Remy-la-Calonne, al noreste del país, el 22 de septiembre de 1914. 

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